martes, 30 de marzo de 2021

Dr. KLIK. Capitulo 6. Los personajes y hechos en esta novela son reales. Cualquier parecido con la ficción es pura coincidencia.

 







Capítulo 6







   Volver a Miami no era una opción. Colgado de la punta del mapa, al sur de Los Estados Unidos, el Dr. Klik barajó la opción de tirarse al mar y llegar a Cuba. Excelente nadador, no le aseguraba sobrevivir a los hambrientos tiburones y mucho menos al régimen de Los Castro. Si bien el Dr. Klik tiene un parentesco lejano con el Che, tan lejano como la distancia entre La Habana y La Patagonia; su afiliación al PPP Partido Popular Patafísico, cuyo principal correlato se basa en la libertad individual de perder la cordura, no está conforme a los mandatos del sistema comunista. Otro inconveniente, es su pasado relacionado al fanatismo que profesa por el Super Agente 86, que lo llevó varias veces a dar cuenta a las autoridades, sospechosas de su comportamiento errático e impredecible. Con frecuencia, era arrestado por hablar con su reloj; claro que ahora parece algo normal, pero te quiero ver allá por los años setenta. En ese sentido el Dr. klik es un pionero. Cómo sería su adelanto a la época que se hacía llamar Maxwell Smartphone. Pero volviendo a la incertidumbre de su destino, en eso estaba que de Cuba para Miami, que de Miami para Cuba, cuando la ciudad de Key West se vistió de fiesta para el quincuagésimo Concurso Ernest Hemingway.


   El Parade comenzó temprano con desfile de carrozas y luminarias. En ellas, iban los participantes del concurso más famoso de Los Cayos. De cazador, de piloto,de torero, de pescador, el común denominador era: barba abundante y gorra de béisbol. Y así iban llegando a la Mansión Hemingway. 


   El Dr. klik aprovechó la situación, debido a que los dependientes estaban atareados y mientras se atragantaba con un cóctel de langostinos, escucho un acento familiar, 

   

   —¿Que hace? —¿Cómo anda? 


   Cuando pensó que para un argentino, no hay nada mejor que otro argentino y se acercó, con precaución, claro. 


   Luego anunciaron al ganador, que era ni menos ni más que el escritor y periodista argentino Hernan Olivera. Hombre grueso y barbudo que, vestido de jeans, camiseta de Key West, gorrita y New Balance blancas, se adjudicó el primer premio. 


   En principio el Dr. Klik pensó que con ese apellido bien podría haber participado en un concurso de Rayuela. Pero no. Porque el personaje de la novela se llama Oliveira y este es Olivera. Pensaba en esto cuando se acercó con intenciones de sacar algún provecho en su desesperada situación. Todavía el éxito de su tesis era una utopía y necesitaba hacer cualquier cosa para sobrevivir. 


   —¡Solo una letra lo separa a usted de Hemingway y Cortázar!  le dijo por la espalda a Olivera, que cuando lo escuchó y se dio vuelta, el Dr. Klik tenía su mano extendida. 

   

   —¡Dr. Klik. Patafisico General! 


El Dr. Klik se sintió liberado al escuchar de su propia boca lo que había dicho, cuando Olivera extendió su mano.

   

   —¡Un gusto! —Hernan Olivera! —Autor, periodista, dibujante, editor y obrero de la construcción! —le dijo. Tenía la cara fruncida como escritor sin ideas. Parecía no haber entendido el chiste. El Dr. Klik tampoco.


   Hubo un silencio y se cayó un coco, entonces la música comenzó a sonar, los gatos a maullar y todo el mundo para Sloppy Joe 's.


   El Dr. Klik buscaba compañía y recordó que Borges supo soñar a un hombre que se soñaba a sí mismo; entonces así busco a quien soñar y mientras hurgaba en la memoria, recordó a la Etérea. La vio otra vez recorriendo los jardines. De aspecto fantasmal iba vestida de gasa y tul y lo primero que masculló el Dr. klik fue, que tul, que tul. Recordó también su amable rebote cerca del altar y se preguntaba qué habría sido de su romance con la futbolista de brazos tatuados, pero eso no acobardó al Dr.Klik que enamorado de la impalpable imagen y la fugacidad de los hechos, fue a su encuentro y le pidió que lo acompañara al party. Ella aceptó y con el encanto del glamour tropical y de la única compañía de los felinos, testigos del frugal romance, el Dr. Klik dio rienda suelta a sus instintos mas primitivos; en un idilio que podría durar, menos que un latido sobre un corazón agonizante. Y como el Dr. Klik sabe de matemáticas y no cree en las cuestiones del amor, imagino la siguiente fórmula: - Latido  - Corazón = Etérea. 


   Pero esa fórmula la perdió durante la borrachera en la fiesta que duró hasta altas horas de la madrugada y cuando despertó estaba tirado en la parte de atrás de la pick up pero ahora de vuelta en Miami y en una obra en construcción; justo el Dr. Klik que la única vez que agarró un martillo fue para colgar el título de Patafísico en la piecita de atrás de la casa de los viejos.

  

—Orale guey. Estoy que me lleva la chingada... 

Hablaban entre ellos.  

   —¡Orale guey!  —¡La troca esta tardando mucho, guey!  —¡Espero que no venga la chingada migra, guey!  

   Una migraña atormentaba al Dr. Klik cuando de repente una furgoneta llegó y fueron hasta una demolición. 

   Todos los aspirantes estaban preparados para el comienzo de la jornada con cascos, orejeras, barbijos, chalecos fluorescentes, lentes de protección, pinzas, picos, palas, botas, cintas de medir, arneses, martillos, cinceles, aparejos, baldes y luces de visión nocturna. El capataz, que vio al Dr. Klik despojado de todo, le entregó la herramienta emblema de la construcción del sueño americano, el famoso chipping hammer, para que haga un ajugero en la pared. Mientras lo hacía, sacudía su cuerpo tal chamán en trance y su cabeza era una coctelera con todos los traguitos de la noche anterior. 

   Estuvo tres horas temblando a la par del martillo y al terminar el agujero, se fugó por el. 

   En la huida desesperada le pareció ver a Olivera que escapaba por otro boquete.



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