martes, 30 de marzo de 2021

Dr. KLIK. Capitulo 6. Los personajes y hechos en esta novela son reales. Cualquier parecido con la ficción es pura coincidencia.

 







Capítulo 6







   Volver a Miami no era una opción. Colgado de la punta del mapa, al sur de Los Estados Unidos, el Dr. Klik barajó la opción de tirarse al mar y llegar a Cuba. Excelente nadador, no le aseguraba sobrevivir a los hambrientos tiburones y mucho menos al régimen de Los Castro. Si bien el Dr. Klik tiene un parentesco lejano con el Che, tan lejano como la distancia entre La Habana y La Patagonia; su afiliación al PPP Partido Popular Patafísico, cuyo principal correlato se basa en la libertad individual de perder la cordura, no está conforme a los mandatos del sistema comunista. Otro inconveniente, es su pasado relacionado al fanatismo que profesa por el Super Agente 86, que lo llevó varias veces a dar cuenta a las autoridades, sospechosas de su comportamiento errático e impredecible. Con frecuencia, era arrestado por hablar con su reloj; claro que ahora parece algo normal, pero te quiero ver allá por los años setenta. En ese sentido el Dr. klik es un pionero. Cómo sería su adelanto a la época que se hacía llamar Maxwell Smartphone. Pero volviendo a la incertidumbre de su destino, en eso estaba que de Cuba para Miami, que de Miami para Cuba, cuando la ciudad de Key West se vistió de fiesta para el quincuagésimo Concurso Ernest Hemingway.


   El Parade comenzó temprano con desfile de carrozas y luminarias. En ellas, iban los participantes del concurso más famoso de Los Cayos. De cazador, de piloto,de torero, de pescador, el común denominador era: barba abundante y gorra de béisbol. Y así iban llegando a la Mansión Hemingway. 


   El Dr. klik aprovechó la situación, debido a que los dependientes estaban atareados y mientras se atragantaba con un cóctel de langostinos, escucho un acento familiar, 

   

   —¿Que hace? —¿Cómo anda? 


   Cuando pensó que para un argentino, no hay nada mejor que otro argentino y se acercó, con precaución, claro. 


   Luego anunciaron al ganador, que era ni menos ni más que el escritor y periodista argentino Hernan Olivera. Hombre grueso y barbudo que, vestido de jeans, camiseta de Key West, gorrita y New Balance blancas, se adjudicó el primer premio. 


   En principio el Dr. Klik pensó que con ese apellido bien podría haber participado en un concurso de Rayuela. Pero no. Porque el personaje de la novela se llama Oliveira y este es Olivera. Pensaba en esto cuando se acercó con intenciones de sacar algún provecho en su desesperada situación. Todavía el éxito de su tesis era una utopía y necesitaba hacer cualquier cosa para sobrevivir. 


   —¡Solo una letra lo separa a usted de Hemingway y Cortázar!  le dijo por la espalda a Olivera, que cuando lo escuchó y se dio vuelta, el Dr. Klik tenía su mano extendida. 

   

   —¡Dr. Klik. Patafisico General! 


El Dr. Klik se sintió liberado al escuchar de su propia boca lo que había dicho, cuando Olivera extendió su mano.

   

   —¡Un gusto! —Hernan Olivera! —Autor, periodista, dibujante, editor y obrero de la construcción! —le dijo. Tenía la cara fruncida como escritor sin ideas. Parecía no haber entendido el chiste. El Dr. Klik tampoco.


   Hubo un silencio y se cayó un coco, entonces la música comenzó a sonar, los gatos a maullar y todo el mundo para Sloppy Joe 's.


   El Dr. Klik buscaba compañía y recordó que Borges supo soñar a un hombre que se soñaba a sí mismo; entonces así busco a quien soñar y mientras hurgaba en la memoria, recordó a la Etérea. La vio otra vez recorriendo los jardines. De aspecto fantasmal iba vestida de gasa y tul y lo primero que masculló el Dr. klik fue, que tul, que tul. Recordó también su amable rebote cerca del altar y se preguntaba qué habría sido de su romance con la futbolista de brazos tatuados, pero eso no acobardó al Dr.Klik que enamorado de la impalpable imagen y la fugacidad de los hechos, fue a su encuentro y le pidió que lo acompañara al party. Ella aceptó y con el encanto del glamour tropical y de la única compañía de los felinos, testigos del frugal romance, el Dr. Klik dio rienda suelta a sus instintos mas primitivos; en un idilio que podría durar, menos que un latido sobre un corazón agonizante. Y como el Dr. Klik sabe de matemáticas y no cree en las cuestiones del amor, imagino la siguiente fórmula: - Latido  - Corazón = Etérea. 


   Pero esa fórmula la perdió durante la borrachera en la fiesta que duró hasta altas horas de la madrugada y cuando despertó estaba tirado en la parte de atrás de la pick up pero ahora de vuelta en Miami y en una obra en construcción; justo el Dr. Klik que la única vez que agarró un martillo fue para colgar el título de Patafísico en la piecita de atrás de la casa de los viejos.

  

—Orale guey. Estoy que me lleva la chingada... 

Hablaban entre ellos.  

   —¡Orale guey!  —¡La troca esta tardando mucho, guey!  —¡Espero que no venga la chingada migra, guey!  

   Una migraña atormentaba al Dr. Klik cuando de repente una furgoneta llegó y fueron hasta una demolición. 

   Todos los aspirantes estaban preparados para el comienzo de la jornada con cascos, orejeras, barbijos, chalecos fluorescentes, lentes de protección, pinzas, picos, palas, botas, cintas de medir, arneses, martillos, cinceles, aparejos, baldes y luces de visión nocturna. El capataz, que vio al Dr. Klik despojado de todo, le entregó la herramienta emblema de la construcción del sueño americano, el famoso chipping hammer, para que haga un ajugero en la pared. Mientras lo hacía, sacudía su cuerpo tal chamán en trance y su cabeza era una coctelera con todos los traguitos de la noche anterior. 

   Estuvo tres horas temblando a la par del martillo y al terminar el agujero, se fugó por el. 

   En la huida desesperada le pareció ver a Olivera que escapaba por otro boquete.



sábado, 20 de marzo de 2021

Dr. KLIK. Capitulo 5. Los personajes y hechos en esta novela son reales. Cualquier parecido con la ficción es pura coincidencia.

 




Capítulo 5



 

   Luego del desastre en la Biblioteca Pública de Miami Beach y prófugo de las autoridades, el Dr. Klik recordó que el asesino de Gianni Versace estuvo varias noches oculto en un yate abandonado. A falta de una embarcación, pasó dos días escondido dentro de un canasto de basura en la 43th y Collins al lado de la parada de la L que va a Hialeah mientras la ciudad era un hervidero. Durante el obligado presidio fue picoteado por un par de cuervos. 


   El Dr. Klik no deseaba otra cosa más que un cafecito con leche y una tostada cubana de Munchies, pero no había tiempo para el placer. Por eso, cansado y perseguido por sus demonios (al Dr. Klik nunca lo verán vestido con moño), el domingo por la mañana, cruzó la bahía nadando. 


   No se percató que era día de competición de lanchas, y de casualidad no lo partieron al medio. Del otro lado, empapado y vivo de casualidad, se secó al sol como iguana mientras una avioneta surcaba un cielo sin nubes anunciando la presentación de DJ Hermes en el Ultra. 


   Unos obreros que estaban en el lugar haciendo unas reformas, hablaban de un viaje inmediato hacia Key West. 


   Si había un sueño que le faltaba realizar al Dr. Klik era visitar la casa de su escritor favorito Ernest Hemingway. Le hubiese gustado compartir noches de tabaco y ron pero el único consuelo que le quedaba era visitar su casa museo. Admira de Ernest, su aspecto recio y sus aventuras en África (El Dr. Klik no es capaz de matar a un pajarito). La fama, su relación de amistad con ciertas celebridades y claro, sus éxitos editoriales, hicieron de Hemingway, un héroe literario para el Dr.Klik que montado de incógnito en la caja del pick up, entre herramientas y tablas de madera, llegó a Key West seis horas mas tarde. 

   

   Debido a su dolencia en el ciático y a la dureza de la batea, el Dr. Klik quedó doblado en un ángulo de noventa grados sin poder recuperar la postura; es así, que unos jóvenes trataron de ayudarlo a cruzar la calle y una señora le ofreció su andador animal print con señal wifi. 


   Lo que parecía una vergüenza para el espíritu atlético del Dr. Klik, se convirtió en una ventaja cuando se dio cuenta que pagaba tarifa senior para entrar a la casa del escritor. Una vez adentro, fue recibido por un guía que bien podría ser el doble de Hemingway. De barba blanca, mentón cuadrado y mirada distante, el orientador vestía una hawaiana, bermudas cargo, medias de algodón y un par de New Balance blancas. El Dr. Klik, ni bien lo vio, lo abrazó y lo beso para luego pedirle un autógrafo, mientras el sorprendido y desorientado guia limpiaba su cara de asco los residuos babosos del alienado patafísico, autor de la Ecuación Literaria.


   Después de semejante contra experiencia, camino solo alrededor de la casa construida de piedra colonial rodeada de jardines floridos y Palmeras de grueso tronco, para terminar rezando una plegaria por Sánchez en el cementerio de los gatos. 


Unos minutos de silencio pasaron hasta que vio un altar en el centro del eden. 


   Ahi fue atraído con pasion por una jovencita de aspecto etéreo. Atortolado, le pidió la mano. La sutil muchacha, agradecida por tanta caballerosidad, supo disculparse mientras apuntaba con la vista a otra joven de brazos tatuados y corte de jugador de fútbol europeo que conversaba con un caballero de aspecto distinguido. El papelón, lo llevó a esconderse entre la gente y se perdió el cuento del “centavo y la piscina” pero poco le importó. 


   Minutos más tarde llegó al cuarto donde el genio había escrito la mayoría de sus grandes obras. Ahí, entre libros, máquinas de escribir, presas de caza y suaves cortinados de color pastel, convocó a la musa mientras respiraba profundo el aire de mar. Nada. Ni siquiera una idea por su cabeza. Esto preocupó sobremanera al Dr. Klik cuya imaginación no tiene límites y mientras intentaba algún pensamiento, acariciaba su mentón. Nada. Pensó que si leía algo en la librería activaría su ingenio.


   Café de por medio se sentó bien cómodo en un sillón para leer el relato “La breve vida feliz de Francis Macomber”. Un cuento recomendado por Gabo en Aracataca (la foto de una gorra que dice I love DR. Klik, a la sombra de un bananero, es prueba de ello). La lectura del cuento indujo al Dr. Klik a un sueño ponzoñoso donde es perseguido por varios leones y su única protección es una escopeta que Hemingway le dio sin balas. Los ronquidos, que poco a poco se ajustaron a la categoría de sofocación, dieron paso a los gritos pelados. 

   

   —¡Ahí viene el león!  ¡Ahí viene!  ¡Mamita querida! ¿Dónde están las balas? ¿Dónde están? rugía el Dr. klik, mientras Hemingway, desde arriba de un árbol le disparaba con su rifle y gritaba 


 —¡Dale Mr. Klik! ¡Ahí van las balas! ¡Catch them if you can!


   Los aterrados turistas no dudaron un instante y huyeron en estampida aventando a la madre de Hemingway,  justo cuando El Dr. klik, que sufre de incontinencia intestinal, era trasladado de urgencia al baño. Un dependiente le ofreció un pamper y esto puso de mal humor al Dr. klik que no paraba de temblar. Otro empleado se apiadó y le preparó un té de tilo. El Dr. Klik se tomó toda la jarra hirviendo.

 

Después del escándalo, los trabajadores dieron por terminada las labores del día y se retiraron. 


   El Dr. Klik, que no tenía donde ir, pensó en camuflarse y pasar la noche en la mansión. Y así lo hizo, a pata ancha en la robusta cama de madera antigua y radiantes sábanas blancas, durmiendo con un ojo abierto por si aparecía el león o Hemingway.


Horas más tarde y en lo profundo del sopor un dependiente lo despabiló. 


Lo primero que preguntó el Dr. Klik fue, donde servian el desayuno.



viernes, 12 de marzo de 2021

Dr. KLIK. Capitulo 4. Los personajes y hechos en esta novela son reales. Cualquier parecido con la ficción es pura coincidencia.


 

Capítulo 4 


El éxito en el arte, es tener 

un buen refrigerador.


Dr. Klik



       

   Un nuevo día despertaba en la ciudad de Miami Beach. De a poco, el sol alzaba su esplendor sobre el mar. En el salón de conferencias de la biblioteca pública, los alumnos discutían el último pie de esfuerzo que el profesor de escritura Merlin, propuso para la clase justo cuando el comando del Dr. Klik hizo su aparición por asalto a punta de lapicera - láser. Aprovechó el factor sorpresa y maniató al profesor junto a su asistente, la poeta Merlina, en dos sillas para la ocasión. El Dr. Klik se proclamó el nuevo director del taller ante la mirada atónita de los concurrentes. Lo del comando era una ilusión, un invento del Dr. Klik para amedrentar a la masa porque en realidad actuaba solo. Solo, pero con un plan medido a la perfección; trazado durante años, meses, días, horas, minutos, segundos y fracción hasta llegar a ese momento de éxtasis para el corazón valiente y lúdico del Dr. Klik. 


   Debido a la excitación pidió un vaso de agua pero se lo negaron, (Tanto plan, tanto estudio, tanta perfección y olvido lo más importante, el agua). Trato de disimular su error desplegando una banda presidencial con las letras DDT, siglas de: Director Emérito Del Taller De Escritura Patafísica; la bien conocida y característica máscara y tubo de oxigeno Dr. Klik, un lápiz, un pequeño cuaderno de notas y un Manifiesto Patafísico que extendió rápido al frente del salón tomando la palabra:

       

   —Señores y señoras, haciendo caso omiso a todas las voces, les presento el último Manifiesto de la Literatura Patafísica: la abolición absoluta del clavo, la bolita y los dos ganchitos. En cambio, propongo una nueva fuente creativa, el elixir de los narradores, la panacea total, la alquimia de la literatura, la ecuación que todo lo soluciona, una ecuación que desde los albores de la Patafísica Literaria hubieran dejado perplejo a todos los escritores clásicos y hasta el mismísimo y afamado primer premio Relatomania, Rynka. ¡Con ustedes, damas y caballeros! La ecuacion literaria            


   El discurso fue interrumpido por la alumna Sabrina que se levantó de la mesa y trató de abrir la puerta. Al darse cuenta de que estaba cerrada dirigió su mirada al Dr. Klik que explotó de alborozo. 

   

   —Mi querida Sabrina, me crees tan tonto. — espeto el Dr. Klik.

   

   —No puedo perder el tiempo y soportar sus estupideces. Tengo dos esposos, un amante que murió atropellado por mi ex, cuatro hijos, seis mascotas y estoy bordando el rostro de Frida Kalho en el felpudo del gato. —gritaba Sabrina desencajada.

          

   Su valor, animó a otros alumnos como Frank que tomó la palabra haciendo gestos con las manos mientras decía: 

   

   —Dr. Klik quiero más diálogo por favor. En vez de contar la acción me gustaría que la misma sea descrita a través de un coloquio, y si no me pongo a dibujar.


   Sin querer, Frank le dio una idea a el Dr. Klik que permanecía al frente del salón impávido, pero como de pavo tiene solo los mocos le dijo:

   

   —¡Bueno Mr. Frank! Mientras doy la clase usted podrá retratarme.

           

   Entre tanto, Los Merlines permanecían maniatados en un rincón con una cinta en la boca, haciendo movimientos con la cabeza en señal de vaya saber qué, cuándo con los ánimos exaltados Ivelisse tomaba fotos para una muestra en Hialeah, titulada “Dr. Klik en acción”  En tanto, la alumna Estela experimentó un deja vu diciendo que todo lo había vivido en Nueva York y el alumno con asistencia perfecta José, se negó a tomar nota alegando problemas con Radio Mambí. Alina se convirtió en microcuento pensando que de esa manera se escapaba por debajo de la puerta pero todo esto no fue suficiente para amedrentar al Dr. klik que, cansado de tanta vanidad y con un brazo en alto y fascista amenazó diciendo:

   

   —¡Señoras y señores! Terminemos con la pantomima del rechazo. No hay nada que puedan hacer. Si ustedes no me permiten continuar no tendré otro remedio que destruir los archivos del profesor Merlín y con él todas las ilusiones de publicar jamás en la vida. 

    Al Dr. Klik, que en el fondo tiene su corazoncito pero muy en el fondo, le daba lástima ver maniatados a Los Merlines. Recordaba los buenos momentos vividos y se le piantó un lagrimón, pero enseguida su cerebro reptiliano se despertó.

   

   —¡Damas y caballeros, dejemos la melancolía para otro momento y continuemos con la clase! —esto decía el Dr. Klik cuando todos callaban.

   

   —Bien, la ecuación es la siguiente: Personaje + Narrador + Trama = Cuento. Si pasamos la variable personaje al otro lado de la ecuacion quedaría - Personaje + cuento, es decir con menos personajes tengo más acción, más cuento, esto es coherente con la economía de recursos en el género. Bien, ahora pasemos a cuento con signo negativo, quedando de la siguiente manera: Personaje + Narrador + trama - Cuento = 0, es decir puedo tener todos los elementos de la ecuación, pero menos cuento, no cuento nada. ¿Cuántas veces hemos contado nada? Se da cuenta que si usted no cuenta, cuenta otro. La siguiente y ¡Ojo que esta tiene trampa! Le damos signo negativo a Trama; -Trama + Cuento, de por sí es un resultado a revisar.  A primera vista, es imposible porque un cuento sin trama no es cuento. Y si me desafían, tengo más variables de la ecuación con solo cambiar de sexo...

    El error le provocó carraspera y miró al alumnado que a esas alturas estaba profundamente dormido. Salvo el alumno Paciano, que aconsejaba al Dr. Klik mediante un bailecito ridículo mejorar el lenguaje corporal; otros prestaban atención al delirio no porque les interesara la exposición, sino porque en el caso de Asdrúbal, había sido extorsionado por el Dr. Klik con una foto en su teléfono. En la captura, Asdrúbal podía ver su coche rodeado de cuatro grúas. El costo de las mismas le haría peligrar su carrera en la Universidad de Salamanca teniendo que cursar en Calamuchita, provincia de Córdoba. Esther, más perdida que en calle Canal y Fuentes, que estaba pensando en su novela de 1485,3 páginas, permanecían callados, mientras todos esperaban que suene el teléfono de Ilse que nunca sonó. El último intento avezado, por cierto, fue la danza del vientre interpretada por Butis, pero el Dr. Klik tenía un antídoto para ese tipo de seducción fatal; una inyección de contra testosterona que se aplicó rápidamente antes de sucumbir al encanto de los velos.

 

   La directora del establecimiento fue advertida por un adicto a la literatura que estaba buscando un taller de último minuto para darse una sobredosis. La mayor responsable, llamó al grupo de operaciones especiales SWAT que llegó enseguida tratando de no llamar la atención con: 10 unidades de asalto, 40 patrulleros, 20 motorizados, 30 efectivos en bicicleta, 50 a caballo, 60 perros de la unidad K 9 (entre ellos el famoso Yanko) 70 gatos de la unidad especial MIAU 7 y más de 100 efectivos de a pie por si las moscas, mejor dicho, por si los mosquitos, que están tan de moda. Rápidamente y desplegando toda la logística, dieron un ultimátum al Dr. Klik por medio de altavoces. El eco se escuchó sobre la bahía rompiendo la quietud del vecindario.

   

   —Dr. Klik,ik, ik, ik. Sabemos que está parapetado, ado, ado, ado,  y que tiene rehenes, enes, enes, enes. No cometa ninguna locura, ura, ura, ura…….

          

   El Dr. Klik lamentó la ausencia de González. Necesitaba un abogado que lo defendiera, sin embargo no estaba tan seguro de que estuviera de su lado. Pero como señalé al principio, el Dr. Klik estaba listo para lo peor. Se podrá decir cualquier cosa de él, pero nunca que no cuide la estética. Como en el teatro griego, inventó un Deus Ex Machina, sacó una manga del as. Abrió una puerta interna del salón que solo él conocía y desapareció. El alumnado fue rescatado minutos después. Los agentes que lo siguieron perdieron su rastro. La única prueba en la escena del crimen era una nota que decía: “Si quieren encontrarme, no me busquen” Dr. klik.

 


 




Capítulo 4 



       

   Un nuevo día despertaba en la ciudad de Miami Beach. De a poco, el sol alzaba su esplendor sobre el mar. En el salón de conferencias de la biblioteca pública, los alumnos discutían el último pie de esfuerzo que el profesor de escritura Merlin, propuso para la clase justo cuando el comando del Dr. Klik hizo su aparición por asalto a punta de lapicera - láser. Aprovechó el factor sorpresa y maniató al profesor junto a su asistente, la poeta Merlina, en dos sillas para la ocasión. El Dr. Klik se proclamó el nuevo director del taller ante la mirada atónita de los concurrentes. Lo del comando era una ilusión, un invento del Dr. Klik para amedrentar a la masa porque en realidad actuaba solo. Solo, pero con un plan medido a la perfección; trazado durante años, meses, días, horas, minutos, segundos y fracción hasta llegar a ese momento de éxtasis para el corazón valiente y lúdico del Dr. Klik. 


   Debido a la excitación pidió un vaso de agua pero se lo negaron, (Tanto plan, tanto estudio, tanta perfección y olvido lo más importante, el agua). Trato de disimular su error desplegando una banda presidencial con las letras DDT, siglas de: Director Emérito Del Taller De Escritura Patafísica; la bien conocida y característica máscara y tubo de oxigeno Dr. Klik, un lápiz, un pequeño cuaderno de notas y un Manifiesto Patafísico que extendió rápido al frente del salón tomando la palabra:

       

   —Señores y señoras, haciendo caso omiso a todas las voces, les presento el último Manifiesto de la Literatura Patafísica: la abolición absoluta del clavo, la bolita y los dos ganchitos. En cambio, propongo una nueva fuente creativa, el elixir de los narradores, la panacea total, la alquimia de la literatura, la ecuación que todo lo soluciona, una ecuación que desde los albores de la Patafísica Literaria hubieran dejado perplejo a todos los escritores clásicos y hasta el mismísimo y afamado primer premio Relatomania, Rynka. ¡Con ustedes, damas y caballeros! La ecuacion literaria            


   El discurso fue interrumpido por la alumna Sabrina que se levantó de la mesa y trató de abrir la puerta. Al darse cuenta de que estaba cerrada dirigió su mirada al Dr. Klik que explotó de alborozo. 

   

   —Mi querida Sabrina, me crees tan tonto. —le espeto el Dr. Klik.

   

   —No puedo perder el tiempo y soportar sus estupideces. Tengo dos esposos, un amante que murió atropellado por mi ex, cuatro hijos, seis mascotas y estoy bordando el rostro de Frida Kalho en el felpudo del gato. —gritaba Sabrina desencajada.

          

   Su valor, animó a otros alumnos como Frank que tomó la palabra haciendo gestos con las manos mientras decía: 

   

   —Dr. Klik quiero más diálogo por favor. En vez de contar la acción me gustaría que la misma sea descrita a través de un coloquio, y si no me pongo a dibujar.


   Sin querer, Frank le dio una idea a el Dr. Klik que permanecía al frente del salón impávido, pero como de pavo tiene solo los mocos le dijo:

   

   —¡Bueno Mr. Frank! Mientras doy la clase usted podrá retratarme.

           

   Entre tanto, Los Merlines permanecían maniatados en un rincón con una cinta en la boca, haciendo movimientos con la cabeza en señal de vaya saber qué, cuándo con los ánimos exaltados Ivelisse tomaba fotos para una muestra en Hialeah, titulada “Dr. Klik en acción”  En tanto, la alumna Estela experimentó un deja vu diciendo que todo lo había vivido en Nueva York y el alumno con asistencia perfecta José, se negó a tomar nota alegando problemas con Radio Mambí. Alina se convirtió en microcuento pensando que de esa manera se escapaba por debajo de la puerta pero todo esto no fue suficiente para amedrentar al Dr. klik que, cansado de tanta vanidad y con un brazo en alto y fascista amenazó diciendo:

   

   —¡Señoras y señores! Terminemos con la pantomima del rechazo. No hay nada que puedan hacer. Si ustedes no me permiten continuar no tendré otro remedio que destruir los archivos del profesor Merlín y con él todas las ilusiones de publicar jamás en la vida. 

 

   Al Dr. Klik, que en el fondo tiene su corazoncito pero muy en el fondo, le daba lástima ver maniatados a Los Merlines. Recordaba los buenos momentos vividos y se le piantó un lagrimón, pero enseguida su cerebro reptiliano se despertó.

   

   —¡Damas y caballeros, dejemos la melancolía para otro momento y continuemos con la clase! —esto decía el Dr. Klik cuando todos callaban.

   

   —Bien, la ecuación es la siguiente: Personaje + Narrador + Trama = Cuento. Si pasamos la variable personaje al otro lado de la ecuacion quedaría - Personaje + cuento, es decir con menos personajes tengo más acción, más cuento, esto es coherente con la economía de recursos en el género. Bien, ahora pasemos a cuento con signo negativo, quedando de la siguiente manera: Personaje + Narrador + trama - Cuento = 0, es decir puedo tener todos los elementos de la ecuación, pero menos cuento, no cuento nada. ¿Cuántas veces hemos contado nada? Se da cuenta que si usted no cuenta, cuenta otro. La siguiente y ¡Ojo que esta tiene trampa! Le damos signo negativo a Trama; -Trama + Cuento, de por sí es un resultado a revisar.  A primera vista, es imposible porque un cuento sin trama no es cuento. Y si me desafían, tengo más variables de la ecuación con solo cambiar de sexo...

 

   El error le provocó carraspera y miró al alumnado que a esas alturas estaba profundamente dormido. Salvo el alumno Paciano, que aconsejaba al Dr. Klik mediante un bailecito ridículo mejorar el lenguaje corporal; otros prestaban atención al delirio no porque les interesara la exposición, sino porque en el caso de Asdrúbal, había sido extorsionado por el Dr. Klik con una foto en su teléfono. En la captura, Asdrúbal podía ver su coche rodeado de cuatro grúas. El costo de las mismas le haría peligrar su carrera en la Universidad de Salamanca teniendo que cursar en Calamuchita, provincia de Córdoba. Esther, más perdida que en calle Canal y Fuentes, que estaba pensando en su novela de 1485,3 páginas, permanecían callados, mientras todos esperaban que suene el teléfono de Ilse que nunca sonó. El último intento avezado, por cierto, fue la danza del vientre interpretada por Butis, pero el Dr. Klik tenía un antídoto para ese tipo de seducción fatal; una inyección de contra testosterona que se aplicó rápidamente antes de sucumbir al encanto de los velos.

 

   La directora del establecimiento fue advertida por un adicto a la literatura que estaba buscando un taller de último minuto para darse una sobredosis. La mayor responsable, llamó al grupo de operaciones especiales SWAT que llegó enseguida tratando de no llamar la atención con: 10 unidades de asalto, 40 patrulleros, 20 motorizados, 30 efectivos en bicicleta, 50 a caballo, 60 perros de la unidad K 9 (entre ellos el famoso Yanko) 70 gatos de la unidad especial MIAU 7 y más de 100 efectivos de a pie por si las moscas, mejor dicho, por si los mosquitos, que están tan de moda. Rápidamente y desplegando toda la logística, dieron un ultimátum al Dr. Klik por medio de altavoces. El eco se escuchó sobre la bahía rompiendo la quietud del vecindario.

   

   —Dr. Klik,ik, ik, ik. Sabemos que está parapetado, ado, ado, ado,  y que tiene rehenes, enes, enes, enes. No cometa ninguna locura, ura, ura, ura…….

          

   El Dr. Klik lamentó la ausencia de González. Necesitaba un abogado que lo defienda, sin embargo no estaba tan seguro de que estuviera de su lado. Pero como señalé al principio, el Dr. Klik estaba listo para lo peor. Se podrá decir cualquier cosa de él, pero nunca que no cuide la estética. Como en el teatro griego, inventó un Deus Ex Machina, sacó una manga del as. Abrió una puerta interna del salón que solo él conocía y desapareció. El alumnado fue rescatado minutos después. Los agentes que lo siguieron perdieron su rastro. La única prueba en la escena del crimen era una nota que decía: “Si quieren encontrarme, no me busquen” Dr. klik.

 


 

martes, 9 de marzo de 2021

CUENTOS DE SALON 2

 


La piedrita

Klau Rynka



 

“Las piedras en el camino 

no son piedras, son el camino”

   

   Y un día apareció de la nada, como por generación espontánea (me gusta decir generación espontánea). Nunca supe con exactitud su ubicación; si era dentro de la media o entre el calcetín y el zapato. Lo cierto, es que la sentía en mi pie izquierdo, justo en la punta del dedo gordo. Recuerdo aquella jornada como si fuera hoy porque tan pronto gané la calle, se expresó con toda su mortificación. Al principio, me incomodó y lo único que pensé fue en deshacerme de ella. Probé de manera veloz; me quité el zapato, luego el calcetín, le di vuelta y lo sacudí. Después le tocó el turno al botin. Mientras me mantenía sobre la pierna derecha dando saltos, sacudía para un lado y para el otro el calzado frente a la mirada de los transeúntes que pensarían que estaba practicando un baile exótico. Pronto, traté con dificultad; ese impedimento que solo puede tener calzar un zapato en medio de la calle. Nada. Por un instante la piedrita dejó de manifestarse en el mundo de la materia y sentí un alivio solo comparable a esa felicidad que se consigue, cuando uno se quita de encima una piedrita del zapato. Pero la dicha duró poco, porque a partir de ese momento su martirio empezó a acompañarme día a día inclusive, hasta cuando cambiaba de medias o de calzado. Debo reconocer que ella cumplía con su trabajo al pie de esta letra y a veces admiraba su perseverancia, una tenacidad que no tengo. 


   Pasaron unos días y fui al doctor, quien me encontró de todo menos la piedrita. Eso sí, me recomendó un podólogo que me practicó una quiropodología y una ortopodología mecánica, pero de la piedrita, ni noticias. Harto, abandoné la medicina convencional para pasarme a las alternativas. Probé musicoterapia y lo único que logré es que la piedrita danzara entre los dedos. Otra opción fue un tratamiento cannábico. En una sesión, sentí que la piedrita crecía y crecía y crecía hasta convertirse en roca. Era inmensa. Tenía que levantar la vista para poder verla. Casi se me cae encima una vez. Por suerte la esquivé. En otra, la escuché hablar. — ¡Tengo hambre! —¡Tengo hambre!  Repetía con voz de piedrita. 


   Una noche estaba borracho con un amigo en el balcón y no tuve peor idea que darle un martillazo al dedo gordo. El resultado, producto de mi estupidez, fue un mes enyesado y el traslado de la piedrita a otro dedo.


   Con el paso del tiempo la piedrita fue minando mi voluntad. Desde que padecí tal molestia ella se fue convirtiendo en la excusa perfecta para dejar de hacer. Lo primero que hice fue dejar de escribir —¿Quién puede escribir con una piedrita en el zapato? —Pensé. Eso me llevó a dejar a mis amigos literarios y desaparecer antes de sufrir la humillación del fracaso. Yo, que estaba predestinado para el éxito según el horóscopo chino de mi amiga Ludovica, me había convertido en un fiasco. Tal el fraude, que en la última clase de Escritura no supe contestar de quién era la ley de acción y reacción, justo yo, que me jacto de estar enamorado de la ciencia y todo por la maldita piedrita. 


   Luego dejé de trabajar —¿Quién puede trabajar con semejante fastidio? Pedí un fondo de desempleo pero me lo negaron. En la columna de selección, las alternativas eran: Locura total o pasajera, trance chamánico, picadura de araña, ansiedad oral, disfunción eréctil, etcétera, etcétera, pero no había ninguna opción para la piedrita. 


   Otro día pedí una prórroga para el pago del alquiler y me rescindieron el contrato. En una de las cláusulas, a pie de página y en letra chica, no aceptaban inquilinos con piedritas en el zapato. Esa condición me trajo graves conflictos con mi esposa que me abandonó por otro inquilino que no llevaba piedritas en el zapato. —¿Quién puede soportar a un marido con una piedrita en el zapato? Fue lo último que le escuché decir. 


   Una noche me acordé de Dios y a la mañana siguiente fui a la iglesia. Después de rezar le supliqué. —¡Padre tengo una piedrita en el zapato! —¡Lo he perdido todo! —¡Ayudame! El cura me contestó igual que aquella vez mi papá —¡No me vengas con problemas!  


   Durante ese tiempo, en la calle, la gente murmuraba —¡Ahí va el hombre con la piedrita! —¡Si! —¡Ahí va! —¡Es ese! —¡Es ese!


   Hace poco la piedrita desapareció por degeneración espontánea (me gusta decir degeneración espontánea) La extraño —¿Que voy a hacer ahora sin ella?    




sábado, 6 de marzo de 2021

Dr. KLIK. Capitulo 3. Los personajes y hechos en esta novela son reales. Cualquier parecido con la ficción es pura coincidencia.

   



   Luego del éxito en el hotel Betsy, el Dr. Klik estaba de subidón como para aburrirse en una tertulia literaria. La cita era en la casa de los Merlines. Los invitados eran viaipis con ese al final. 

   

—¡Dr. Klik! ¿Vino o cerveza? —le preguntó Merlina.

   

—Las dos cosas. —le contestó el Dr. Klik mientras saludaba a Merlín que estaba sentado en el cómodo sillón y se revolcó de la risa. 


   Merlin tiene una forma graciosa de reírse. Se despatarra todo

   

   El Dr. Klik sacudió la mano de Asdrúbal que estaba sentado en la mesa del comedor junto a una botella de ron.

   

   —¡Que bueno que viniste! ¿Cómo has estado? — le dijo Asdrúbal mostrándole los dientes blancos. 


   Al Dr. Klik le recordaba la anécdota de Onetti cuando le preguntaron por su dentadura  y contestó que se la había prestado a Vargas Llosa. 


 El otro invitado, Fuentes, permanecía callado y sentado frente a Merlín. Los pantalones arremangados. Las medias de diferente color. Merlin lo increpó.

   

   —¡Hey Fuentes! Tenes las medias de otro color.  

   —¡Sí  tengo otro par igual en casa! —contestó.


   Y otra vez la risotada de Merlín y su desparpajo. Pronto Merlina cambió de tema. 

   

   —¡Dr.Klik, te esperamos en la próxima clase del taller! ¡Se pelean para leer! ¿No es cierto Merlin? 


Merlín asintió con la cabeza mientras hacia un fondo blanco de vino rojo. 


   Al Dr. Klik no le gustan los talleres literarios. En una época fue asiduo concurrente, sin embargo no llegó a escribir nada. 

   

   —Y vos ¿Leíste algo?— le preguntó el Dr. Klik a Merlina que lo fulminó con la mirada diciéndole 

—Estoy cansada de repetirlo, yo soy poeta y el taller es sobre cuentos y yo no estoy para cuentos. 


   Luego intervino Merlin. 

   

—¡Fuentes leyó! Pero solo una parte. El cuento tiene varias partes. ¿No es así Fuentes?

   

   —Correcto. —contestó Fuentes alzándose los pantalones. Ahora se le veían los pelos. Luego continuó.

  

    —El cuento tiene varias partes. La que leí en la clase es la tercera parte. Para entender, tienen que leer la primera que todavía está en etapa de edición y la segunda que aun no escribí porque estoy escribiendo la quinta, que nada tiene que ver con la  tercera y menos con la cuarta; que si tiene que ver con la sexta que nunca empecé. ¿Se entiende? 


   En ese momento Merlín se atragantó. Merlina fue corriendo a la cocina a traer un vaso de agua. El único que quedaría en la mesa. Merlín bebió un sorbo. Luego pudo hablar.

   

   —¡Dr. Klik, el cuento de Fuentes tiene una línea que es magistral! ¿No es así Merlina? 


Merlina no dijo nada. Miraba el vaso de agua.

   

   —¡Dale Fuentes! —insistió Merlin.  —¡Dale! 


Todos nos quedamos esperando. 

   

   —La frase dice así:  —continuó un Fuentes desganado. 


“Estiró su cabeza hacia adelante y se acomodó los anteojos, para escuchar mejor”


   Merlín se despatarro otra vez y por poco se cae del sillón. Asdrúbal mostraba los dientes hasta las encías. Fuentes ya no tenía más pantalón para arremangarse y Merlina comenzó a reír con muecas. Al Dr. Klik  le pareció haber escuchado la frase en otro lado. 


   Asdrúbal miro la hora. El Dr. Klik también. Merlina movía la copa como toda una catadora y mientras degustaba el Merlot paladeaba la pregunta.

   

   —¿Algún proyecto literario? Una risita socarrona acompañó al interrogatorio. 


Todo el mundo se miró entre sí. Luego Asdrúbal habló. Le temblaba la voz.

   

   —¡Si! ¡Yo, yo, yo mande un texto al concurso, ese! ¿Cómo se llama? ¿Relatomania?

   —¡Fuentes también! ¿No es cierto Fuentes? 


   Fuentes ni siquiera se acordaba. Miró a Merlín asustado. La cara de Merlina viró al rojo punzó. Era como si le hubiera picado un bicho. Odiaba el concurso. 

   

   —¡Es un certamen que está devaluado! —fue lo primero que dijo. —¡Los jueces no saben nada! —continuó. 


   Hubo un silencio. Merlina tenía los ojos desorbitados como satélite perdido. Su nariz se había convertido en aguja. Más que aguja era aguijón. El Dr. Klik miró a todos menos a ella. El Dr. Klik tiene mala experiencia con los aguijones. Merlin trato de apaciguar los ánimos diciendo: 

   

   —¡Bueno pero si alguien del taller participa, podemos ir a la lectura! 


Merlina abrió los ojos como si hubiese visto al diablo. El Dr. klik se levantó de la silla. 

   

   —¿Adonde vas?  —¡Tú eres cómplice de ese concurso barato! —le decía Merlina


   El Dr. Klik caminó hasta la puerta que se cerró a su espalda. 

   

   —Nos vemos en el taller. —se le escuchó decir.