viernes, 26 de febrero de 2021

Dr. KLIK. Capitulo 2. Los personajes y hechos en esta novela son reales. Cualquier parecido con la ficción es pura coincidencia.

Al principio al Dr. Klik le pareció una buena idea. Era parte del viaje encontrarse con lo inesperado, pero llegar a la Ciudad de Miami Beach con cien farenheit y sin reserva de hotel, era un desafío extremo. Ni bien bajó del taxi sobre Ocean Drive, se metió en el primer hotel. 

 Adentro, El Betsy era un oasis en medio de la ciudad caliente como el infierno. El Dr. Klik lo sabía porque muchas veces había estado ahí, en el infierno. Enseguida un educado y amable bellman, se encargó de sus pertenencias. El Dr. Klik se acomodo sobre el mostrador. Mientras observaba a Frank, el empleado de la recepción, que estaba ocupado con una señora china que se quejaba porque nadie hablaba chino; le llamó la atención una foto que invitaba a conocer a un tal Rynka, ganador de un importante concurso de literatura. Sorprendido por el parecido, al menos en la foto, cuando un hombre de aspecto intelectual y aires de estrella de rock se acercó y colocó el pasaporte sobre el mostrador. El Dr. Klik corroboró enseguida que era el mismísimo Rynka, que impaciente porque nadie lo atendía, pidió por el baño en el mismo instante que Frank regresaba, mezclando español, chino e inglés. Frank tomó el pasaporte sobre el mostrador y le dijo al Dr. Klik: 

  —¡Bienvenido al Hotel Betsy Mr. Rynka! Su habitación; la del escritor, está lista. El Dr. Klik escuchaba perplejo mientras le ofrecían una copa de bienvenida. 

  —Como es de su conocimiento, —continuó Frank —Usted es un invitado de la casa y no pagará absolutamente nada. El Dr. klik ensayo una sonrisa nerviosa y dijo, —Thank you! para luego atragantarse con la copa y antes de que se dieran cuenta de la usurpación de identidad, recogió las llaves del cuarto, garabateo un papel y desapareció. 

 Una vez en la fresca y pequeña habitación del escritor cerca del lobby, cayó en la cuenta que se había convertido en un galardonado y recordó su primer poema “Oda al mar en un día nublado tomando mate con peperina” inspirado en momentos de angustia existencial y que tanto le había gustado a la viejita del tercero C, allá en El Abasto. En tanto se quitaba la ropa para darse una ducha y tomar una siesta reparadora, sonó el teléfono. —Hasta acá llegó la mentira. —dijo. 

Por el contrario, el recepcionista le anunciaba que la máxima autoridad del Departamento de Arte y Literatura lo esperaba a las siete en el bar. 

La atmósfera del lobby era volátil. Las tenues luces de las arañas que colgaban del techo, acariciaban las cortinas y el fino cuero de los sillones. El lento movimiento de los ventiladores era hipnótico y placentero mientras sobre el piano de cola negro, un músico ciego tecleaba con justa precisión, melodías clásicas. Mr. Jean le entregó un libro obsequio del difunto dueño del hotel devenido en poeta y una copia del cuento ganador para leerlo durante el evento. Lo que más le costó sostener al Dr. Klik durante la conversación era su nueva identidad. Pero como las grandes verdades nacen de una mentira, el Dr. Klik simuló hasta el final. Por un momento le pareció ver a Rynka por los pasillos del hotel. Con la excusa del cansancio, se retiró a sus aposentos. 

 En la habitación tomó el teléfono y llamó a su contacto en Miami. 

  —¡Hola Merlin, querido! ¿Cómo estás? —¡Bien! ¿Ya estás en la ciudad? —le preguntó Merlín —¡Si! y ¿No sabes lo que me paso? Bueno mejor dicho, lo que me está pasando —¿Qué te pasó? —le preguntó Merlín —Te cuento. —dijo excitado el Dr. klik. —Estoy en el Hotel Betsy por los próximos tres días. ¿Cuando yo iba a estar en el Betsy, Merlin? Lo más cómico es que se confundieron y creen que soy Rynka, el autor. Ahora estoy en el cuarto del escritor. El otro no se por donde anda. Todo empezó en el front desk cuando hacia la línea del check in y lo reconocí. Estaba al lado mío, muy cerca. Yo lo veía de perfil y corroboraba que yo no era yo, sino Yoko Ono, no no, perdón que digo, el de la foto. Yo me di cuenta Merlin, por que vi su retrato en la pared, ¿Entendes Merlin? Todo es una confusión ahora. Ni siquiera sé quién soy. Te decía que estábamos cerca en el mostrador y el empleado estaba complicado porque no hablaba chino y la china, lógico hablaba chino y como te iba diciendo, el verdadero Rynka, en un rapto que no se si llamarlo locura, pidió urgente el baño. Ahí mismo, el empleado, me hizo pasar tomando el pasaporte del afamado premio. Sé que no es justo Merlin pero te imaginarás que no puedo desperdiciar una oportunidad así. Esta es la mejor manera de presentar mi tesis literaria y además todo es gratis. ¡Te podes imaginar lo que es esto Merlin! Mañana te espero por acá. No me falles querido. El evento es a las cinco de la tarde, pero no le cuentes a nadie lo que te conté, por favor. ¡Ah! No te olvides de invitar a todos tus amigos literarios, porque va estar la creme de la creme. 

 Por la noche una comisión de autores clásicos visitaron al Dr. Klik durante el sueño. Estaban Borges, Cortazar, Marquez. Poe, Kafka, Quiroga, Imbert y se escuchaba a alguien golpear la puerta. Entre ellos discutían si debían abrirla o no. El Dr. Klik desesperado les pedía que no, mientras los golpes se escuchaban cada vez más y la tensión aumentaba. El Dr. Klik era protagonista pero ellos no lo sabían. Hasta que una voz nítida que repetía —¡Abrime! ¡Abrime! lo despertó junto a los golpes que llamaban a la puerta. Se levantó y abrió. Por la ventana entraba la luz del alley en rayas horizontales. 

En la penumbra del Writer 's room, al final Rynka se confesó, cuando dijo: —No merezco el galardón. He escrito solo un cuento. Mi obra literaria comprende solo un relato y el premio se lo trago. 

Rynka no se sentía escritor, más se sentía un farsante y el Dr. Klik lo era también. Ambos eran un fraude. No había opción y aquella noche se despidieron y prometieron no verse jamás. 

 Al amanecer, un desvelado Dr. Klik tomó el desayuno en la terraza y luego cruzó la Ocean Drive. El Dr. klik que nunca había visto el mar y ahora lo tenía enfrente, se sintió de buen ánimo para enfrentar la falsa jornada y se relajo haciendo yoga, actividad que nunca practico, pero como es un autodidacta y cree en la improvisación, muchos bañistas comenzaron a imitarlo haciendo la parabólica. Pronto, lo nombraron el gurú de la Ocean Drive. Luego de unas selfies con la fanaticada y con el pretexto de las entrevistas televisivas, se perdió entre la multitud hasta que por alguna razón lo próximo que recuerda, es que compró unas gafas de buzo y un tubo respirador con filtro y GPS en Ross. De mucho no sirvió el localizador porque enseguida se perdió entre alleys y palmeras. 

Al acontecimiento asistieron personalidades de la cultura y el arte del Sur de La Florida, filántropos, curiosos y Merlín, que le comentó que muchos no asistieron por temor a que se descubra la farsa. El Dr. Klik estaba nervioso porque le parecía que había pasado bastante tiempo sin que se revele la verdad, pero ¡Qué bien se sentía! Sin dificultad llegó al final leyendo el relato que se trataba de un vendedor de sombreros sin cabeza, bastante original por cierto y acordó íntimamente que el tal Rynka tenía futuro como escritor, pero no para las relaciones públicas. La tarde caía en la ciudad, el evento había sido todo un éxito y entre fotos, abrazos y copas de vino, se despidieron. 

 Temprano al día siguiente, el taxi llegó pronto a recoger al Dr. Klik, que le dijo adiós a la fantástica estadía en el Betsy con un dejo de nostalgia. Un servicial bellman le ayudó con el equipaje. Agradecido por la hospitalidad, el Dr. Klik le dio unos Patacones que había heredado. Ya en el asiento trasero y mirando por la ventanilla, las noticias en la radio hablaban de un estafador mientras la ciudad ardía como el infierno.

martes, 16 de febrero de 2021

Dr. KLIK. Capitulo 1. Los personajes y hechos en esta novela son reales. Cualquier parecido con la ficción es pura coincidencia.

  Durante la convención de Caracteres Patafísicos organizada por La Universidad De Filosofía y Letras de La Ciudad de Buenos Aires, para disertar sobre la felicidad y su relación espacio-tiempo-universo; diferentes personalidades de la contra cultura porteña se dieron cita. Junto a profesores eméritos, estudiantes calificados y demás invitados que nada tenían que ver, un aparatoso telón se abrió, luego del estricto protocolo. De fondo, una gigantografía Orwelliana apuntaba al público con el dedo indice. El elegante presentador de frac y patas de rana daba inicio al evento diciendo: 

  —Estimado público. Tenemos el honor de presentar al Padre de la Patafísica. Creador de la Escuela de Arte y Costura Patafísica. Profesor Emérito de la Universidad del Sorbete. Licenciado en Ciencia de las Encías. Doctor Honoris Sin Causa en la causa que todavía no tiene nombre; ¡Con ustedes, Damas y Caballeros! El Doctor Klik. 

 Con el auditorio de pie, entradas agotadas y haciendo gala de su efímera popularidad, el Dr. Klik se puso la máscara de buzo, tomó una bocanada de aire por el respirador y dijo: 

  —¡Señoras y señores, damas y caballeros y los no tan caballeros! Muchísimas gracias por su ausencia. Para los que me conocen y los que no también, saben que estoy obsesionado por los avances de la física cuántica y su conexión con el campo espiritual. Esta inquietud sobre las enseñanzas védicas, la vacuidad de las formas y la impermanencia de las cosas, me llevó a calcular la felicidad y su relación espacio-tiempo-universo. 

Sentadas en primera fila, la doctora en Patafísica Etílica, Emma Toma, popular por su tesis “La resaca y su influencia en la estructura molecular del hielo”; se tomó un shot de Ginebra Bols en tanto la señora Rita Le Plumet, doctora en Patafísica Plumifera, célebre por su estudio ¿Que tienen que ver las plumas con las almohadas? se acomodo su plumífero abrigo de piel de gallina mientras un chiflete se colaba por una de las ventanas. El Dr. Klik se frotó las manos y continuo. 

  —Oportunamente me referí al tema utilizando los parámetros de mi mentor y filósofo preferido el gran Schopenhauer, llegando a la conclusión de que la felicidad es inversamente proporcional a la variable tristeza originando el siguiente postulado: (+F/1 = -Tx1) ¿Qué significa esto en términos gramaticales? Que la felicidad se mide en momentos tristes; cuanto menos tengo, más feliz me siento. En su momento fui muy criticado, pero gradualmente encontré adeptos a esta manera de definir la dicha. 

 Atrás y cerca de la puerta, el doctor JH Salmont, defensor acérrimo de la teoría relativa de los anti salmones en el espacio gravitacional y su influencia en la constipación, le hizo señas al repudiado doctor en Patafísica No-Ambiental, Alfredo Donaire, que acababa de publicar su obra póstuma “Y a mi que me importa el aire” y se fueron a fumar al lobby en el preciso momento que el Dr. Klik continuaba diciendo: 

  —Pero mi empeño va más allá de la definición de la felicidad en conceptos gramaticales, porque así como todo es texto, todo es número. La pregunta que me ha quitado el sueño durante los últimos años es: ¿Cuánto dura la felicidad del hombre con respecto a la edad del universo? 

Cindy, que era un amigo de otro amigo de un primo lejano y estaba sentado en primera fila, hacía cuentas con una calculadora patafisica. El Dr. Klik continuó. 

  —El primer dato que necesitaba conocer era la edad del universo Patafísico y para eso utilice la velocidad de la luz en kilómetros cuyo valor es de un millón ochenta mil y lo multiplique por las horas del día y por la cantidad de días en un año y encontré que la edad del universo es de nueve mil cuatrocientos sesenta y un millones de años. Esta cantidad, comparada con la edad promedio del hombre, dividido por la edad del universo, dio como resultado la cifra de: cero, coma, cero cero cero cero cero cero cero cero cero setenta y tres años, que pasado a minutos, no es más que: cero, coma, cero cero cero treinta y ocho minutos que multiplicado por los años mozos me da una cifra de cero, coma, cero cero ciento catorce minutos. Como consecuencia de esto, señoras y señores, concluí que apenas fui feliz un instante. Un lapso de tiempo tan efímero como el aleteo de una mariposa. Solo un pensamiento de carácter universal me liberó de la angustia. Señoras y Señores, al que todo lo aqueja que se ponga a hacer cuentas. 

 Tras los aplausos y dando por finalizada la reunión, (al Dr.Klik no le gustan las preguntas, ni los comentarios) los invitados concurrieron al bar del centro de convenciones para festejar la despedida hacia Miami, donde el Dr. Klik presentaría su ignorada tesis: “La Ecuacion Literaria”. Luego de varias copas fueron echados a patadas del establecimiento. 

Sobre un cielo blanquiceleste y el Obelisco de fondo; testigo febril de muchos hechos y también de este, fueron inmortalizados por los paparazzi; Donaire, Cindy, Rita, Salmont y el Dr. Klik de la mano de Emma Toma, corriendo desnudos por la avenida Rivadavia, hacia Ezeiza. 

 Desde ahí tomó el último avión con Visa de Artista, luego de que el presidente Donald Trump cancelara el beneficio. 

Fue el último pasajero en subir. Se retrasó por exceso de equipaje. 

No había tenido tiempo de secar la ropa y todo pesaba el doble. 

Antes de abordar, un empleado le pidió que apague la luz.

RELATOS MARADONIANOS. Maradona, Nietzsche y la muerte de Dios.

“En el principio, creó Dios a la Tierra redonda como una pelota” 
Genesis. 


1- Ascenso. 

 Diego Armando Maradona, tenía veinticinco años, cuando abandonó su patria, el riachuelo de su patria y marchó a la cima. Allí gozó de sus años mozos, la fama y ciertos abusos; mientras pateaba la pelota. Una mañana con la aurora y en la cumbre de su morada, Dios le habló así: 

  <¡Tú, gran Astro que te elevas hasta el podio de los elegidos! ¡Tu, que con tu brillo me opacas! ¿Qué sería de tu felicidad si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas?> 

A Diego, se le piantó un lagrimón y cuando se quiso dar cuenta, Dios estaba tan cerca que pudo ver sus arrugas. Nunca había visto un gesto tal. Eran residuos de una sonrisa. 

  <¡Estoy cansado Diego! Ya sufro al hombre.¿Qué obscenidad tapan con tanta solemnidad? Sé, de castillos, imposibles de derribar, a pesar de que la arena se escurre entre mis dedos, con solo meter la mano. ¿Que oculta,entonces la luz?¿Y los brillos del metal mas puro? ¡Ay en nombre de Dios¡ Por suerte te tengo a vos Diego. Un Dios que camina entre los hombres. Un Dios de verdad. Ya nadie cree en promesas sobre terrenales. La religión que promete certezas después de la vida, desprecia la vida misma y nosotros estamos pasados de moda> 

 Diego, que escuchaba atento, habló así: . 

  <¿Y no me queda otra Barba, con la mano que me diste?>  

<¡Gracias Diego! Fue un placer. Después de aquel gol, soy mas famoso que Dios, pero,¿Qué digo? Mas famoso que Diego Maradona> 

Y se echaron a reír como niños. Luego El Padre Santo elevó el cáliz radiante, diciendo, 

  <¡Yo te bendigo junto a la copa que se desborda de agua de oro, encima de tu pie izquierdo, llevando a todas partes mi mensaje, atado al balón!> 

Luego su barba y melena blanca se mezclaron entre nubes púrpuras, mientras un barrilete cruzaba el cielo y aquello, fue el principio del ocaso. 

 

2- Descenso. 

 El día siguiente fue domingo y Diego es la gran atracción. Descendió de la cúspide atravesando el barro y en cada potrero, una fantástica jugada, dejaba a los pibes sin aliento; hasta que en el último baldío, sentado al lado del palo y el tridente cruzando el arco, el diablo le habló así: 

  <¿Acaso has alcanzado la sabiduría? ¿Crees que el ocaso es una lejanía? No creas en epifanías. Son solo patrañas.> 

Diego pateó, y la pelota rebotó en el travesaño. El maligno hizo una mueca burlona. Luego cogió una pepita de oro y la hizo polvo, blanco cristalino, y exultante habló así: 

  <¡Ven Dieguito! Olvídate de Dios y de los hombres, que solo saben de arrogancia. Aman la vida, que está sobrevalorada. ¿Quieren ser longevos? Pero si están muertos desde que nacen. Son moribundos envenenados. ¡Ojalá desaparezcan! ¡Ven! Siéntate a mi izquierda y aspira este polvo estimulante, para que puedas seguir viaje> 

Diego se sento de zurda y aspiro el polvo peinado sobre un espejo que reflejaba cuerpos en llamas y el maligno siguió hablando así: 
 
  <Te cuento algo que no es secreto. ¡Para que sepas, Dios me vino a pedir una vez! 

¡Dios tiene su propio infierno y es el amor a los hombres Dieguito!> 

Diego fue a buscar la pelota, y pensó en voz alta. 

  <¡Esta vez se te escapó la tortuga, viejo!> 

 Y se fue haciendo malabares, mientras el demonio lo maldecia.



3- Deceso. 

 Una vez en el estadio, y en el acto mas importante de su vida, la figurita es Diego, que cruza la cancha con la pelota, sobre una soga alta en el cielo, y en una ovación coral se escucha: 

  Ole ole ole ole Diegol, Diegol 

 Zaratustra, un personaje iluminado que paseaba por ahí solo para enardecer a la turba, permanecía en silencio observando a la multitud. Bajo el brazo sostenía un libro por título: “Así habló Nietzsche” Mientras piensa que sus oídos van a sangrar ante el griterío embrutecido, también piensa que estos hombres, de oidos rotos, escuchan por el ano y siente vergüenza ajena, justo cuando Diego pierde el equilibrio y en un silencio que aprovecha, Zaratustra señalando el cielo alzó la voz así: 

  <¡Ahí lo tienen! Los últimos vestigios del hombre. Un animal que camina en una cuerda tendida sobre el abismo, un puente para convertirse en Superhombre. Siento decirle a los señores que, el hombre jamás será superado. Será devorado por sí mismo y dejará de existir. ¿Qué habéis hecho entonces para salvarlo?> 

 Y en ese momento, alguien dijo: 

  <¡No escuchen a Zaratustra ! Repite las palabras de Nietzsche. Nada original. Dice también que alcanzó la iluminación, pero vive en la oscuridad. ¡Miren, miren la luz que nos regala Diego! Diego es Dios. 

  Se equivocan. Dios a muerto. Gritó Zaratustra. 

 Y la caterva dejó de celebrar interrumpida por la caída del balón 

Todos los ojos volvieron al firmamento y vieron a Diego, en un remolino de brazos y piernas buscando el equilibrio, pero la cuerda ya había decidido que era el final.

EL CLUB DE LOS POETAS OLVIDADOS

Poesia Seudonima 

"Cualquier escritor, poeta, narrador que se jacte de serlo, busca la perpetuidad en su arte; volverse inmortal a través de su obra. Nosotros los del club de los poetas olvidados solo buscamos la desmemoria"


EL VASO 


Su vida terminó en fragmentos, 

esparcidos por el suelo cosmico, 

una noche, que ya no recuerdo. 

Un instante, un agujero. 

Fragmentos esparcidos por el suelo. 

No exagero cuando digo, son solo fragmentos. 

Recogo pedazos de mi. 

Mil fragmentos.

CHINGOLOS Y CORBATITAS. Una vida de pájaros. Micro Novela. Capítulo 1


 
 
 “A mi viejo, sutil emperador y 
patriarca de los pajaros” 

 
Capítulo 1

Pio, luego existo 
-Pío Baroja-



Chingola y Corbatita se conocieron en un baile de carnaval en el Club Social y Deportivo Los Cuervos y se enamoraron como dos tortolitos. 

Los años pasaron, soñando con su propio nidito de amor, hasta que se casaron. 

Jamás pudieron comprar su propia jaula, por eso alquilan, pero eso no es un inconveniente para ser felices y comer perdices.

CUENTOS DE SALON 1

El Vendedor de Sombreros
Caía la noche en la ciudad cuando el sujeto entró por la puerta principal del hotel. Su aspecto era de un hombre de negocios formalmente vestido, saco, corbata y maletín negro. Hasta ahí todo normal, salvo por un detalle, no tenía cabeza. Yo con los años de experiencia de conserje y acostumbrado a ciertas rarezas mantuve la calma. 

—Buenas noches caballero ¿En qué puedo ayudarle? —le pregunté con voz firme. 

—Tengo una reserva a nombre de Salvador Della Testa —contestó. 

—Claro, ¿me permite su tarjeta de crédito y documento?Quería ver la foto carnet, que para mi asombro, no tenía cabeza. 

Tantas veces yo creí haber perdido la mía, sin embargo cada vez que me veía en el espejo, o en una foto, estaba ahí. Quizás sin merecerla, pero ahí estaba. Acompañándome día a día, por error u omisión, pero en el mismo lugar. Firme entre los hombros. ¿Suerte o desgracia? no lo sé, pero, ¿Qué le habrá pasado a este pobre hombre? ¿La habrá perdido en un juego de cartas? ¿Habrá tenido un accidente? ¿Estaría enamorado? ¿Una calvicie profunda? Eran todas conjeturas. Sin preguntar al respecto, entablé una conversación informal. 

—¿Negocios o placer? 

—No, solo negocios. Estoy muy ocupado y me quedo solo dos días en la ciudad. 

—!Qué pena! —Le comenté. —La ciudad tiene muchos atractivos para disfrutar. 

—Quizás la próxima vez. Estoy muy cansado, he visto muchos clientes hoy. 

—¿A qué se dedica? —le pregunté intrigado. 

—Vendo sombreros —me contestó. 

Contuve la risa por temor a que me viera, pero ¿cómo? era imposible. 

—Adelante, ríase, es lógico, dada mi condición, pero mucha gente necesita sombreros. Son fundamentales para no perder la cabeza —y continuó. 

—Hay personas que pierden la cabeza por amor, otras por dinero, o por envidia, etcétera, etcétera. Mi trabajo es venderles el sombrero adecuado para cada ocasión, ¿me entiende? Soy como un médico, un terapeuta, que ayuda a la gente a no perder la cabeza. Sin ir más lejos hoy vi un cliente que estaba a punto de perderla porque se le escapaban las ideas. El señor es un publicista y siempre que tiene una buena idea, esta intenta huir, ni siquiera es capaz de atraparla. Trato varias veces de transcribirlas, pero las ideas van más rápido que la pluma, ¿comprende? Yo le hice probar varios sombreros de mi catálogo, hasta que uno de copa alta funcionó. ¿Sabe por qué?, fácil, las ideas se fugaban, pero la elevada copa del sombrero les permitía jugar y volver contentas a su cabeza y así tenerlas por más tiempo. Y ahora disculpe, pero estoy muy cansado. ¿Cuál es mi número de habitación? 

—¡Oh sí! —le indiqué señalando con mi brazo extendido el corredor a la izquierda. 

—su cuarto es el 121. 

—Muchas gracias y buenas noches. —Me deseó mientras se alejaba. 

—¡Espere, Della Testa!, no lo puedo dejar ir sin antes hacerle una pregunta. 

—Adelante, amigo, pregunté —Me alentaba —¡Vamos, animese! 

—Y usted, ¿Por qué la perdió? 

Se detuvo en el medio del pasillo y mirándome fijo me dijo: 

—¡Oh no! la mía la dejé en casa, si la llevo puesta nadie me compraría los sombreros.