martes, 16 de febrero de 2021

RELATOS MARADONIANOS. Maradona, Nietzsche y la muerte de Dios.

“En el principio, creó Dios a la Tierra redonda como una pelota” 
Genesis. 


1- Ascenso. 

 Diego Armando Maradona, tenía veinticinco años, cuando abandonó su patria, el riachuelo de su patria y marchó a la cima. Allí gozó de sus años mozos, la fama y ciertos abusos; mientras pateaba la pelota. Una mañana con la aurora y en la cumbre de su morada, Dios le habló así: 

  <¡Tú, gran Astro que te elevas hasta el podio de los elegidos! ¡Tu, que con tu brillo me opacas! ¿Qué sería de tu felicidad si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas?> 

A Diego, se le piantó un lagrimón y cuando se quiso dar cuenta, Dios estaba tan cerca que pudo ver sus arrugas. Nunca había visto un gesto tal. Eran residuos de una sonrisa. 

  <¡Estoy cansado Diego! Ya sufro al hombre.¿Qué obscenidad tapan con tanta solemnidad? Sé, de castillos, imposibles de derribar, a pesar de que la arena se escurre entre mis dedos, con solo meter la mano. ¿Que oculta,entonces la luz?¿Y los brillos del metal mas puro? ¡Ay en nombre de Dios¡ Por suerte te tengo a vos Diego. Un Dios que camina entre los hombres. Un Dios de verdad. Ya nadie cree en promesas sobre terrenales. La religión que promete certezas después de la vida, desprecia la vida misma y nosotros estamos pasados de moda> 

 Diego, que escuchaba atento, habló así: . 

  <¿Y no me queda otra Barba, con la mano que me diste?>  

<¡Gracias Diego! Fue un placer. Después de aquel gol, soy mas famoso que Dios, pero,¿Qué digo? Mas famoso que Diego Maradona> 

Y se echaron a reír como niños. Luego El Padre Santo elevó el cáliz radiante, diciendo, 

  <¡Yo te bendigo junto a la copa que se desborda de agua de oro, encima de tu pie izquierdo, llevando a todas partes mi mensaje, atado al balón!> 

Luego su barba y melena blanca se mezclaron entre nubes púrpuras, mientras un barrilete cruzaba el cielo y aquello, fue el principio del ocaso. 

 

2- Descenso. 

 El día siguiente fue domingo y Diego es la gran atracción. Descendió de la cúspide atravesando el barro y en cada potrero, una fantástica jugada, dejaba a los pibes sin aliento; hasta que en el último baldío, sentado al lado del palo y el tridente cruzando el arco, el diablo le habló así: 

  <¿Acaso has alcanzado la sabiduría? ¿Crees que el ocaso es una lejanía? No creas en epifanías. Son solo patrañas.> 

Diego pateó, y la pelota rebotó en el travesaño. El maligno hizo una mueca burlona. Luego cogió una pepita de oro y la hizo polvo, blanco cristalino, y exultante habló así: 

  <¡Ven Dieguito! Olvídate de Dios y de los hombres, que solo saben de arrogancia. Aman la vida, que está sobrevalorada. ¿Quieren ser longevos? Pero si están muertos desde que nacen. Son moribundos envenenados. ¡Ojalá desaparezcan! ¡Ven! Siéntate a mi izquierda y aspira este polvo estimulante, para que puedas seguir viaje> 

Diego se sento de zurda y aspiro el polvo peinado sobre un espejo que reflejaba cuerpos en llamas y el maligno siguió hablando así: 
 
  <Te cuento algo que no es secreto. ¡Para que sepas, Dios me vino a pedir una vez! 

¡Dios tiene su propio infierno y es el amor a los hombres Dieguito!> 

Diego fue a buscar la pelota, y pensó en voz alta. 

  <¡Esta vez se te escapó la tortuga, viejo!> 

 Y se fue haciendo malabares, mientras el demonio lo maldecia.



3- Deceso. 

 Una vez en el estadio, y en el acto mas importante de su vida, la figurita es Diego, que cruza la cancha con la pelota, sobre una soga alta en el cielo, y en una ovación coral se escucha: 

  Ole ole ole ole Diegol, Diegol 

 Zaratustra, un personaje iluminado que paseaba por ahí solo para enardecer a la turba, permanecía en silencio observando a la multitud. Bajo el brazo sostenía un libro por título: “Así habló Nietzsche” Mientras piensa que sus oídos van a sangrar ante el griterío embrutecido, también piensa que estos hombres, de oidos rotos, escuchan por el ano y siente vergüenza ajena, justo cuando Diego pierde el equilibrio y en un silencio que aprovecha, Zaratustra señalando el cielo alzó la voz así: 

  <¡Ahí lo tienen! Los últimos vestigios del hombre. Un animal que camina en una cuerda tendida sobre el abismo, un puente para convertirse en Superhombre. Siento decirle a los señores que, el hombre jamás será superado. Será devorado por sí mismo y dejará de existir. ¿Qué habéis hecho entonces para salvarlo?> 

 Y en ese momento, alguien dijo: 

  <¡No escuchen a Zaratustra ! Repite las palabras de Nietzsche. Nada original. Dice también que alcanzó la iluminación, pero vive en la oscuridad. ¡Miren, miren la luz que nos regala Diego! Diego es Dios. 

  Se equivocan. Dios a muerto. Gritó Zaratustra. 

 Y la caterva dejó de celebrar interrumpida por la caída del balón 

Todos los ojos volvieron al firmamento y vieron a Diego, en un remolino de brazos y piernas buscando el equilibrio, pero la cuerda ya había decidido que era el final.

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