—Buenas noches caballero ¿En qué puedo ayudarle? —le
pregunté con voz firme.
—Tengo una reserva a nombre de Salvador Della Testa
—contestó.
—Claro, ¿me permite su tarjeta de crédito y documento?—Quería ver la
foto carnet, que para mi asombro, no tenía cabeza.
Tantas veces yo creí haber
perdido la mía, sin embargo cada vez que me veía en el espejo, o en una foto,
estaba ahí. Quizás sin merecerla, pero ahí estaba. Acompañándome día a día, por
error u omisión, pero en el mismo lugar. Firme entre los hombros. ¿Suerte o
desgracia? no lo sé, pero, ¿Qué le habrá pasado a este pobre hombre? ¿La habrá
perdido en un juego de cartas? ¿Habrá tenido un accidente? ¿Estaría enamorado?
¿Una calvicie profunda? Eran todas conjeturas. Sin preguntar al respecto,
entablé una conversación informal.
—¿Negocios o placer?
—No, solo negocios.
Estoy muy ocupado y me quedo solo dos días en la ciudad.
—!Qué pena! —Le
comenté. —La ciudad tiene muchos atractivos para disfrutar.
—Quizás la próxima
vez. Estoy muy cansado, he visto muchos clientes hoy.
—¿A qué se dedica? —le
pregunté intrigado.
—Vendo sombreros —me contestó.
Contuve la risa por temor a
que me viera, pero ¿cómo? era imposible.
—Adelante, ríase, es lógico, dada mi
condición, pero mucha gente necesita sombreros. Son fundamentales para no perder
la cabeza —y continuó.
—Hay personas que pierden la cabeza por amor, otras por
dinero, o por envidia, etcétera, etcétera. Mi trabajo es venderles el sombrero
adecuado para cada ocasión, ¿me entiende? Soy como un médico, un terapeuta, que
ayuda a la gente a no perder la cabeza. Sin ir más lejos hoy vi un cliente que
estaba a punto de perderla porque se le escapaban las ideas. El señor es un
publicista y siempre que tiene una buena idea, esta intenta huir, ni siquiera es
capaz de atraparla. Trato varias veces de transcribirlas, pero las ideas van más
rápido que la pluma, ¿comprende? Yo le hice probar varios sombreros de mi
catálogo, hasta que uno de copa alta funcionó. ¿Sabe por qué?, fácil, las ideas
se fugaban, pero la elevada copa del sombrero les permitía jugar y volver
contentas a su cabeza y así tenerlas por más tiempo. Y ahora disculpe, pero
estoy muy cansado. ¿Cuál es mi número de habitación?
—¡Oh sí! —le indiqué
señalando con mi brazo extendido el corredor a la izquierda.
—su cuarto es el
121.
—Muchas gracias y buenas noches. —Me deseó mientras se alejaba.
—¡Espere,
Della Testa!, no lo puedo dejar ir sin antes hacerle una pregunta.
—Adelante,
amigo, pregunté —Me alentaba —¡Vamos, animese!
—Y usted, ¿Por qué la perdió?
Se
detuvo en el medio del pasillo y mirándome fijo me dijo:
—¡Oh no! la mía la dejé
en casa, si la llevo puesta nadie me compraría los sombreros.

El vendedor de sombreros, de Claudio Rynka, fue elegido el sábado 9 de diciembre de 2017, por un jurado presidido por José Ignacio Chascas Valenzuela e integrado por Rosario Valenzuela y el voto del público, ganador de la tercera temporada del concurso de cuentos y lectura en vivo CuentoManía. https://suburbano.net/cuentomania-2017-el-vendedor-de-sombreros/
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