jueves, 22 de abril de 2021

Dr. KLIK. Capitulo 8. Los personajes y hechos en esta novela son reales. Cualquier parecido con la ficción es pura coincidencia.

 



Capítulo 8






   Luego de lo que se podría llamar una contra experiencia destructiva, el Dr. Klik sufrió los efectos colaterales del chipping hammer, que en psicología se lo conoce como E.P.V.C.  siglas que significan: En la puta vida lo vuelvo a coger (al chipping hammer). Esta dolencia afecta al Sistema Límbico. Exteriormente el trastorno se presenta en forma de temblores. El problema en ese sentido es que el Dr. Klik ya tiene algunos defectos de fábrica y ahora se le agrega este achaque. 


   Mientras vagaba por el Downtown tratando de encontrar un sentido a su vida y un cartel anunciaba la marca de Flan Tembleque, vio el monumental edificio sobre Flagler Street. Era ni más ni menos que La Biblioteca de Babel. Un paraíso dentro de otro paraíso, cuyo inmenso follaje son hojas de papel escritas bajo la ilusión de la inmortalidad. 


   A la desaforada esperanza de encontrar una vez por todas la dicha, se perdió en sus galerías hexagonales, buscando entre anaqueles, un libro en particular por demás escatologico, cuyo título fue el rebanar de sesos en su juventud. Perdido entre los amplios salones y estantes abarrotados de títulos, como ratón de biblioteca, pronto lo invadió la desesperanza; hasta que decidió consultar sobre el mostrador a un dependiente que estaba mirando porno en la computadora. Tenía los ojos rojos. 


   —¡Disculpe el coito interruptus! Ando buscando un libro que se llama La Patafísica y Otras Eyaculaciones.  —le dijo mientras pensaba que había dado con la persona dada, dada las circunstancias (Al Dr. klik le encanta la palabra dada porque proviene del Dadaísmo, base fundacional de la Patafísica)

  

   —¡Oh, Si! —le dijo el auxiliar y continuó. 

   

   —Ese libro está en el último hexágono. Suba las escaleras. ¡No hay otra! Cuando llegue al último polígono deberá resolver una ecuación. La misma, está dentro de un libro de tapa roja con letras indescifrables en su lomo. Para llegar a él, deberá pararse en el vértice sud-sudeste y desde ahí caminar en diagonal avanzando dos casilleros y retrocediendo uno. En el espacio retrocedido, muévase tres pasos a la izquierda y uno hacia al centro. Desde ahí, haga una perpendicular con dirección norte y en esa posición practique una parabólica de signo negativo. Continúe de esa manera hasta el cuarto anaquel empezando por la derecha. ¡Ahi no esta! Pero encontrará las instrucciones para descubrirlo. 


   Al Dr. Klik, que se mueve en el mundo de los números como pez fuera del agua, no le quedaba otra. Temió que resolver esa ecuación le haría olvidar los resultados de su todavía ignorada tesis y esa suposición lo llevó a dudar. Pero no había llegado hasta ahí en vano. El Dr. Klik odia la vida en pretérito, por eso miro hacia adelante y pensó en la frase de su amigo Julio, que para llegar al cielo solo hace falta una piedrita y la punta del zapato. Y ahí justo vio a una piedrita que lo estaba esperando y llevándola de puntin, se fue haciendo jueguitos mientras subía.    


   La ecuación era de cuatro incógnitas y de grado irracional. El resultado es un número igual ó mayor al que corresponde a cada incógnita. Ese guarismo final es de cuatro cifras. Cada cifra corresponde a una letra del alfabeto formando el vocablo DOWN, que era justo lo que decía el cartel sobre la puerta oxidada en el vértice norte del hexágono y en su felicidad, por haber resuelto el enigma, ni siquiera alcanzó a leer, cuando abrió el portón que daba al vacío. 


   Un alarido se escuchó mientras un fuerte toldo amortiguaba la caída y el Dr. klik se deslizó como en tobogán; cayendo en puntas de pie en la cola de la S, hacia Aventura y como el Dr. Klik es amante del riesgo y el azar, se coló rápido en el autobús, ante la furia de los pasajeros.

   

   Sentado sobre la ventanilla, viendo los rascacielos que se extendían a lo largo de la Bahía de Biscayne, lamento no haber tomado un libro para entretenerse durante el viaje. Su único consuelo eran los anuncios publicitarios que decían Aventura Mall. 


   Mal ya la estaba pasando ante el clamor de los pasajeros que lo habían aislado y le gritaban —¡Go to the back door! cuando el chofer lo dejó arriba del puente MacArthur, a dos millas de Miami Beach. 

   

   Eso no amedrentó al Dr. Klik, que con su equipo de buceo se sumergió en las tibias aguas de la bahía, nadando siempre en dirección este. En el medio del trayecto, unos delfines lo acompañaron y le dieron un empujoncito; hasta que después de tres horas en el medio acuático, llegó a la calle 5 con Alton Road.


   Merodeando la zona conoció a Mr. Singh y a su hermano Lucky Yogui secundado por las Chaca-Chaca, tres féminas que profesan el Budismo y forman parte de un grupo de apoyo espiritual gratuito para los que han sufrido los embates del chipping hammer. Ahí fue introducido a los Chapines Voladores, que estaban en pleno tratamiento después de haber presentado “El Conceptual Hondureño”, una arquetipo de bidet para armar y desarmar hecho en roca granito en la última feria de arte para migrantes INMIGRARTE. 


   Los hermanos estaban en la fase dos del tratamiento llamado La Fregada del Monolito, que consiste en la limpieza general de tronco y extremidades con una hidrolavadora a presión manejada por un mono que se llama Lito; famoso por curar las heridas con Merthiolate. 


   Si bien el Dr. Klik no había llegado a esa situación, fue de inmediato a la fase tres que consiste en la práctica de meditación trascendental. Luego le es permitido agredir verbalmente al siniestro aparato que se encuentra montado en un podio. La terapia se llama The Blame Therapy.  Es de vital importancia la parafernalia provista para este método de desintoxicación, que consiste en; ajo, inciensos, una cruz y una foto del mártir Martillo Hammer. 


   El Dr. Klik que no tenía donde ir aprovechó la bondad de estos samaritanos y fingiendo efectos colaterales continuos, se quedó en la Fundación. Los budistas le dejaron en claro que no todo es contemplación y que había que ganarse el sustento como ellos lo hacían; leyendo las manos y predicando el futuro por la Lincoln Road.


   Al Dr. Klik le iba mal en tal menester. Vestido con atuendos de monje tibetano, un libro de Ludovica Squirru, inciensos y un gong, intentaba predecir el pasado de los distraídos turistas que deambulan por el transitado paseo. Estos, frente al bombardeo de ofertas innecesarias, no tenían tiempo ni siquiera para mandar a la mierda al Dr. Klik que no acostumbrado a las altas temperaturas se arrancó el atuendo como Tony Montana y se fue a Munchies a tomar unas frías. Al rato, mientras caía la tarde sobre la Lincoln Road y un homeless estiraba la mano en la puerta del CVS en tanto los turistas tomaban selfies entre palmeras y vidrieras de lujo, sacó del bolsillo una tarjeta con un número de teléfono. Se alegró. Un número no es solo un número. En la soledad puede ser también una esperanza. Y pidió otra cerveza para celebrar.


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