Capítulo 10
La libertad es la esclavitud
de los que creen en ella.
Dr. Klik
Defenestrado de los círculos intelectuales el Dr. klik se aleja cada vez más de su propósito. La supervivencia es más importante que cualquier tipo de erudición. Con los días contados y su visa expirando, deambula por las calles de South Beach, cuando de la noche a la mañana y siguiendo con el mismo color, estalló el código rojo, justo el fin de semana del Fun & Food Festival.
Las autoridades de la ciudad pidieron asistencia nacional debido a la rápida propagación de una nube de gas fétido, que salía de un reconocido hotel del área. Enseguida el cúmulo se hizo nubarrón cubriendo el cielo de Miami Beach.
Esto precipitó la llegada de los ambientalistas más radicales. Con pancartas en contra del calentamiento global declararon que el desorden climático y el efecto colateral de nuestro modo de vida, eran los responsables del código rojo.
El domingo la cosa se puso seria con el arribo de los competidores para el “Contest Annual Glotons Anonymous” Organizado por una reconocida cadena de restaurantes de comida rápida y auspiciado por una marca famosa de inodoros.
En el grupo venían los tres ganadores de la competencia que no llegaron a las habitaciones y pidieron los baños disponibles en el lobby del prestigioso hotel.
Los bomberos de la ciudad debieron intervenir y el alcalde se apersonó en el lugar de los acontecimientos aprovechando la ocasión para promocionar su reelección para un próximo mandato más saludable sin códigos rojos.
Luego llegó la televisión. Querían saber de víctimas fatales. Los laboratorios recogieron el guante y lanzaron al mercado la píldora contra el código rojo que no era otra cosa que un alivio de efecto placebo y los medios de comunicación aprovecharon la noticias del momento para vender el milagroso comprimido durante las tandas comerciales.
Las empresas tecnológicas proyectaron una aplicación para detectar el código rojo en los teléfonos pero fracasaron en un primer intento, ya que al descargarlas, desprendían una pestilencia irritante. A esas alturas y debido al nubarrón hediondo que no paraba de crecer, se aconsejó a la población permanecer en las casas y solo salir para lo esencial. Era obligatorio usar máscara de buzo y tubo respirador con filtro incorporado.
Poco a poco y mientras las malas noticias iban y venían, el Dr. Klik dio rienda suelta a su misantropismo, vagando cerca del mar. La arena y las palmeras eran su único y placentero séquito. Ser un inadaptado tiene ciertas ventajas que el Dr. klik supo aprovechar. Enseguida se dio cuenta que debía continuar viaje ligero y soltó lo poco que llevaba, salvo su equipo de buzo esencial. En ese sentido se puede decir otra vez que el Dr. Klik es un precursor.
El día lunes, la ciudad amaneció sitiada por la guardia nacional que desbordada de códigos rojos, pidió ayuda a la NASA que se desplazó rápido hasta el lugar de los hechos. Los científicos discutieron la posibilidad de enviar todos los códigos rojos al planeta rojo. Mientras tanto, en un intento por detener la catástrofe, se anunció la cuarentena absoluta de la ciudad.
La medida tuvo poco efecto ya que el código rojo se propagó hacia otras urbes y se anunció la emergencia nacional declarando a esta, enemigo número uno atentando contra la paz y el bienestar de la ciudadanía; poniendo en alerta a todas las agencias de seguridad.
Esa misma noche el presidente se solidarizó con la población y en un acalorado discurso (su cara y su pelo de tinte anaranjado eran demostración de la febril situación) anunció la movilización de tropas para defender al territorio de lo que él ya consideraba una conspiración china llevando intranquilidad a todos los hogares del país.
Miles de personas salieron a las calles chocando con la policía y el ejército en desacuerdo por la medida de corte fascista, lo que perturbó el carácter colérico del mandatario que tildó a todos los anarquistas de bolcheviques.
Al día siguiente se lo conocerá en un futuro como el “Martes de Miércoles” porque se produjo la mayor caída en el Dow Jones. El mercado de valores fue cerrado por tiempo indeterminado por falta de higiene y seguridad y los mayores inversionistas junto a los dueños de los bancos más importantes escaparon del territorio en sus jets privados a prueba de códigos rojos.
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Los pocos que quedaron en la ciudad, debieron trasladarse a los refugios.
Ahora el Dr. Klik está en uno de ellos. Hay cientos de personas. Los espacios son pequeños. Hay poca luz. No se sabe que pasara. Las últimas noticias dicen que las ciudades están sitiadas y que al presidente no le queda otra opción que accionar el código rojo.
— Fin —
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